Se
preguntarán todos ustedes qué pretenden estas personas al citarnos
a estas actividades. Creo que es lo primero que hay responder:
pretendemos sembrar la esperanza en sus corazones, la esperanza de
que todas y todos nos merecemos una buena vida, y de que es posible
abrir esos caminos.
Hablarles
a ustedes, jóvenes de Cúcuta, es tener la oportunidad de conversar
con esa generación que viene creciendo en medio de las adversidades.
Son ustedes privilegiados en la actualidad, de contar con una
educación, aunque ésta se encuentre bajo amenaza y falten muchas
cosas. A lo largo y ancho del mundo, muchos millones de personas
mueren a causa de las guerras, el hambre, los desastres naturales,
las mentiras, el conformismo. No hay que ir tan lejos, ni siquiera
fuera de nuestra región para que reconozcan ustedes que gozan de
algunos pocos derechos, que no son un regalo ni un privilegio.
Ustedes
tal vez habrán llegado a pensar: “¿pero acaso a mi qué me
importa lo que pase con el país o con la región? ¡Yo lo que quiero
es salir adelante!” Pues bienvenidos a la realidad, bienvenidos con
una no tan agradable sorpresa: a como están las cosas hoy en el
mundo, si todos no nos ponemos las pilas a hacer algo, en definitiva
no habrá vida para nadie, no habrá planeta donde vivir ni mucho
menos un lugar dónde “salir adelante”. Escuchemos algunas notas
del profesor Renán Vega Cantor:
“En
estos días intentamos observar, a pesar del ocultamiento de los
medios masivos de comunicación, la magnitud de lo ocurrido en Japón
con la estación nuclear de Fukushima. La contaminación radiactiva
no es cualquier cosa, no es algo pasajero que se resuelva con los
meses o años, es una contaminación que dura para toda la eternidad.
Japón se nos presentó como el modelo a seguir, pues son los más
adelantados en producción de microelectrónica, automóviles,
autopistas, tecnología y maravillas de la ingeniería, pero todo
esto a cambio de contaminar el planeta como ahora lo está haciendo
la central nuclear que estalló. Esta lógica de producir sin medir
en las consecuencias está relacionada con la locomotora minera en
nuestro país: se anuncia como un triunfo que ya casi lleguemos a
extraer un millón de barriles de petróleo. No hay noticia más
nefasta que ésta, ya que significa que cada vez más rápido nos
acercamos al agotamiento de los pocos recursos naturales que tiene
nuestro territorio, del poco petroleo que tiene nuestro país, y todo
esto sin medir las consecuencias que tiene para nuestros ecosistemas
la explotación petrolera.
“Veamos
la crisis ambiental. Hoy asistimos al exterminio de tantas especies
de animales como cuando desparecieron los dinosaurios, pues en esa
época el 90% de las especies vivas sobre la tierra se extinguieron.
“Colombia
ha sido definida como un país minero, lo que significa un retroceso
de más de 200 años hasta el Siglo XVIII, época en la que nuestro
territorio era exclusivamente visto por el imperio español como una
fuente de oro. ¿Entonces qué futuro puede esperar el desarrollo
económico de nuestro país?”
Nada
más que hoy están en juego
elementos tan valiosos como el agua, que como todos ustedes saben,
sigue bajo la amenaza de la mano depredadora de las compañías
mineras, avícolas, palmeras, hoteleras, etc. Esta forma de producir
ingresos ya ha sido llamada “extractivismo” que viene de la
palabra extraer o sacar, pues se trata simplemente de chupar de la
madre tierra la mayor cantidad de materiales y venderlos. Eso es lo
que representa las llamadas locomotoras del Plan de Desarrollo del
gobierno de Juan Manuel Santos, eso es lo que representa esa idea ya
obsoleta a la que llamamos “desarrollo”. La fuerza de los hechos
va llevando a que la humanidad reconozca que no puede ser esa especie
que “crece, se multiplica y domina la tierra” sin consideración
alguna.
En
medio de todo esto, ustedes que apenas comienzan a formar su
personalidad, ustedes que por eso son jóvenes, tal vez se habrán
hecho otra pregunta típica de su edad: “¿Qué voy a ser?” Están
entonces en un momento crucial de sus vidas, en donde pueden optar
por salir de este evento con el recuerdo de haber asistido a una
actividad más o pueden decidir tomar partido por la vida, hacer
hasta lo imposible y mucho más que eso si es necesario para que esta
humanidad no caiga en la condena de su exterminio.
Ustedes
y todos nosotros, los pobladores de esta región, tenemos mucho en
común. Hay que empezar buscando “quiénes somos”, saber que en
nuestro territorio y en nuestra cultura hay luces de esperanza para
empezar a construir algo distinto a este mar de desesperanza que
pretende ahogarnos. Lo primero a lo que hemos llamado a la sociedad
es a que nos demos la oportunidad de reflexionar.
Reconocemos
que los sectores populares, es decir, nosotros el pueblo, necesitamos
del diálogo de saberes y la participación directa de la gente en la
investigación de todos los problemas que padece nuestra sociedad.
Ustedes como estudiantes y como jóvenes están convocados a dar uso
a todas esos conocimientos que han ido desarrollando en los salones
de clase.
No
puede pensarse, por ejemplo, una clase de biología que permita a
todo un curso aprobar el año y graduarse de undécimo, sin que los
estudiantes y el maestro se hayan permitido descubrir y reflexionar
sobre las graves consecuencias ambientales de la mano del hombre
sobre la tierra. Una clase de biología pensada de esta manera no es
sino una pérdida completa de un año de sus vidas. Esto sólo para
citar un ejemplo, pero es lo mismo para los distintos saberes que hay
allí atrapados en las cuatro paredes del salón de clases. Por eso
ustedes como estudiantes y como jóvenes tienen el deber, como decía
en un principio, de participar de los distintos movimientos que la
gente de su ciudad va haciendo: por el agua, por el transporte, por
la vivienda, por el ambiente, por la salud, por la educación, porque
no hay aprendizaje más mediocre que aquel que se da de espaldas a la
realidad y vivencias de la persona; allí afuera, acá mismo, están
las asambleas, tulpas de pensamiento en las calles, marchas, foros,
entre otros procesos abiertos para poner en práctica el consejo de
los indígenas mexicanos: “entre todos sabemos todo, y no hay nadie
que no sepa nada.”
Nosotros
los excluidos seguimos necesitados de ser escuchados, y de darnos la
oportunidad de encontrarnos con otros, que al igual que nosotros,
sufrimos, sentimos indignación, nos embejucamos, pero quizás no
hayamos encontrado la manera de convertir esto en algo más que una
queja. Allí están los rostros de otros muchos como nosotros que
seguimos buscando un mínimo de dignidad.
Es
entonces esta etapa de la vida, la etapa donde ustedes definirán su
personalidad, sus costumbres y su proyecto de vida, en la que se
necesita una mayor apertura al mundo, con la suficiente
responsabilidad para entender el momento de crisis que nos tocó
vivir.
La
movilización late como nunca en el país. Nada más en nuestra
región, la minería ha amenazado el agua, y en respuesta, el agua
salió a las calles y se ha convertido en un poderoso movimiento de
características muy pocas veces vistas en nuestra historia. La
educación se abre paso como una voz en contra de las imposiciones y
a favor de un mínimo derecho para que ustedes los que apenas salen
de bachillerato, y sus hijos y sus nietos, puedan gozar de este
derecho.
Ya
hemos logrado demostrar con estudios, cifras y debates que la
pretensión del Ministerio de Educación es convertir la educación
en un negocio más, al igual que la salud. La reforma a la Ley 30 no
sólo disminuiría la cantidad de dinero que se invierte en la
educación de la gente de este país, lo que es de todas formas
grave, aún más por que hasta por una sonrisa nos cobran impuestos
en todas partes, y si hay plata para robar como lo hacen las EPS,
¿porqué no hay plata para que la gente se eduque? Más peligroso
aún que no tener dinero, es que nos obliguen a la servidumbre. Y eso
es lo que quiere la Reforma la Ley 30: condenarnos a un crédito en
el ICETEX o en cualquier otra entidad financiera, y luego de estudiar
5 años quedar encadenado a una deuda de 30 o más años. El futuro y
la dignidad se lo están jugando en las calles los estudiantes, y
ahora nos toca a los que no somos estudiantes, entender que la
educación es un problema de la sociedad, y que si hoy no nos movemos
(esto es hacer movimiento) con la educación va a pasar lo mismo que
con la salud.

Este
movimiento por la educación, al igual que el movimiento por el agua,
va mostrando una manera más participativa de mover a toda la
sociedad en defensa de la vida y de la dignidad, pues en últimas, a
pesar de las aparentes diferencias, cada tema ha insistido en una
idea contundente y precisa: las generaciones presentes no estamos
dispuestas a morir ni a ser siervos de las ambiciones de otros. Con
razón el movimiento por la educación ha dicho claramente: “no
será ésta la generación que deje morir la educación
pública”.Ustedes como jóvenes están llamados a levantar ese
grito de rebeldía como humanidad por la vida, por la dignidad que
todas y todos nos merecemos al nacer. Los jóvenes no queremos una
vida de servidumbre, tenemos derecho a la esperanza.
Ustedes
los jóvenes tienen que estar a la altura del momento para ganarse o
perder definitivamente el título de “generación de la esperanza”.
La historia le contará a los que vienen detrás de todos nosotros si
decidimos una vida de conformidad, de indolencia y tristeza o si por
el contrario jamás dejamos de lado el simple derecho a vivir con
dignidad y a sobrevivir como especie y como planeta.
Santander,
Colombia, Proceso Minga Comunera, Noviembre de 2011.
Abrazos.